Osvaldo Gallone

Osvaldo Gallone
Retrato del escritor Argentino Osvaldo Gallone. 2014 / Óleo sobre tela 100 x 73 Cm


Alejandro Cabeza: el prístino desciframiento

por Osvaldo Gallone 

    ¿Qué es un retrato? Semejanzas, parecidos, engañosos juegos de espejos y apariencias; y, por supuesto, la socorrida anécdota referida a Pablo Picasso cuando culminó, en 1906, el Retrato de Gertrude Stein (esa célebre máscara estereotipada y primitiva inspirada en la escultura ibérica) y respondió a aquellos que criticaban acerbamente la disimilitud entre el rostro original y el rostro del cuadro: “Ella terminará por parecerse al retrato”.

    Pero los retratos del valenciano Alejandro Cabeza se sitúan en un más allá que trasciende con holgura la trivialidad de la semblanza y es por ello que suscitan en el espectador una inquietud fecunda. Basta contemplar con el necesario detenimiento algunos retratos para convalidar el aserto e ingresar con paso dichoso en el territorio que nos propone el pintor.

    La pudorosa, y a un tiempo manifiesta, angustia que transmiten los ojos de Horacio Quiroga en su retrato resulta más elocuente que varias decenas de tomos ensayísticos dedicados a la obra del narrador uruguayo. Otro tanto ocurre con la indisimulable melancolía capturada a la perfección en el retrato de un joven César Vallejo en el que la formal filiación modernista de Los heraldos negros ya anticipaba, sin embargo, el grito de humana desesperación de España, aparta de mí este cáliz. En la serie de retratos de la escritora Salomé Guadalupe Ingelmo, dentro del amplísimo abanico de matices que la informa, la nota dominante es un tenaz y afortunado asedio que nos ofrenda –en el sentido de don, ofertorio y agasajo-  la naturaleza sustancial de la retratada.

    Es en este sentido que el núcleo constitutivo de los retratos de Alejandro Cabeza trasciende con holgura la intención trivialmente mimética para convertirse en otra cosa, en algo que excede y a la vez contiene la figura del retratado: los retratos de Alejandro Cabeza suponen una depurada y laboriosa destilación de la esencia de quien es retratado, un ejercicio de prístino desciframiento. Alguna vez Cabeza ha dicho con lúcida pertinencia: “Somos lo que pintamos”. Es una definición exacta y rigurosa. Pero también se impone enunciar que quienes somos retratados por Alejandro Cabeza somos lo que él ha pintado en el sentido más ontológico, existencial y profundo del término; somos, esencialmente, lo que él ha visto de nosotros; somos lo que su mirada ha percibido y lo que su mano ha ejecutado.

    Cabeza no pinta ni retrata rostros y cuerpos, o bien es sólo en apariencia que en sus retratos se exhiben rostros y cuerpos; aquello que delinea Cabeza son almas y esencias. En un breve tomo de lectura imprescindible para especialistas y profanos –El Renacimiento-, Walter Pater ha dado de una vez y para siempre con una definición irreemplazable de estilo: “Es un mismo estado de alma –señala Pater- que informa el todo.” No es otra la sustancia –densa, fértil, exuberante, rica en matices y fiel a los atributos que la determinan- que se desprende de la obra de Alejandro Cabeza: un mismo estado de alma que informa el todo.

Osvaldo  Gallone (Poeta, Narrador y Ensayista)

Premio “Ángel Ganivet” 2014 en su modalidad de prosa por su cuento El estilista





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