Félix Rodríguez de la Fuente

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Retrato de Félix Rodríguez de la Fuente / Óleo sobre tela 65 x 55 cm / 2016


AULLIDOS

Salomé Guadalupe Ingelmo


A la memoria de Paul Naschy

Hay un lobo en mi entraña
que pugna por nacer
Mi corazón de oveja, lerda criatura
se desangra por él
Manuel Silva Acevedo, Lobos y ovejas

En la agreste infancia de la meseta burgalesa pedía a mis buenas niñeras del páramo que me contaran una historia de lobos, y con estas historias me dormía.
Félix Rodríguez de la Fuente


“¿Comprendes por qué tenía que ser él? –excitado, el director al productor–. Sus transformaciones son tan convincentes… Y, además, ese físico excepcional. Es único.”
El sudor se condensa en su pelambrera. Aunque ha aprendido a dominar sus instintos, la escena le ha abierto el apetito. Evita la silla con su nombre; se aovilla en el suelo mientras roe una croqueta. Paul recuerda su pasado de atleta: Viena, 1961. Allí coincidió con Nagy, como si una fuerza invisible los hubiese reunido. Apenas se vieron, se reconocieron. Se aproximaron despacio, con cautela, olisqueándose. No hubo rivalidad sino indulgencia, ninguno deseaba marcar su territorio.
–Lo intuí al verte ganar la medalla el año pasado. ¿Y desde cuándo…?
–¿Soy así? Desde que tengo uso de razón. Supongo que no es tan raro; en mi país abundan los relatos sobre… nosotros. Durante la Edad Media nos cazaban sin piedad.
–Dicen que un mordisco es el comienzo, pero yo tampoco recuerdo ningún hecho insólito. No soy mala persona. Entonces, ¿por qué? –parece atormentado.
–“Incluso un hombre puro de corazón / que  dice sus rezos por la noche / puede convertirse en lobo cuando el acónito florece / y la luna de otoño brilla –recita–. Olvida los prejuicios ajenos; sólo te harán daño. El lobo es bestia noble. No pidas disculpas.
Aquel orgulloso húngaro, más experimentado, se convirtió en mi mentor. Mitigó mis inquietudes. De él tomé el nombre artístico por el que me conocen los hombres.
Era joven: necesitaba respuestas. Creía en una justicia suprema o, al menos, en una razón que todo lo explica. Con el tiempo he aprendido a convivir en armonía con mi naturaleza. Ahora me sé afortunado: yo aún no he olvidado quien soy. A veces corro por el bosque mientras amanece, con el frescor sobre la piel… Y un día, cuando la parte que más lastra ya no respire, sólo el corazón del lobo latirá. Entonces aullaré para siempre a la luna. Y quizá otro aullido responda. Porque “incluso un hombre puro de corazón”... Y aunque es destino de mi raza el vagar solitario, los lobos somos aún espíritus solidarios.

Aullidos fue publicado en la revista digital miNatura. Revista de lo breve y lo fantástico 134 (mayo-junio 2014), p. 38-39, http://www.servercronos.net/bloglgc/media/blogs/minatura/pdf/RevistaDigitalmiNatura134_sp
 

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