Colección Universidad Internacional de Andalucía / Campus Antonio Machado de Baeza / Pintor Alejandro Cabeza 2015
Aquel día en Baeza el aire parecía impregnado de la misma sobriedad luminosa que recorre los versos de Don Antonio. Me encontraba allí para la presentación oficial de mi retrato del insigne poeta, una obra en la que había volcado meses de observación y respeto. Se trata de un óleo sobre tela, de dimensiones recogidas, 55 x 46 cm, un formato que buscaba precisamente esa intimidad necesaria para captar no solo la fisonomía, sino la profundidad del pensamiento de Machado.
La rueda de prensa fue un acto de una solemnidad cálida, reflejo del peso que el poeta sigue teniendo en las piedras y la memoria de esta ciudad. Durante el evento, tuve el honor de compartir mesa con la directora de la Universidad y la alcaldesa de Baeza, Lola Marín. Ambas destacaron en sus intervenciones la importancia de seguir nutriendo el patrimonio artístico vinculado a la figura del escritor, subrayando cómo el arte contemporáneo puede dialogar con el legado histórico de la sede universitaria.
Sentí una satisfacción profunda al ver la reacción de los asistentes cuando se descubrió la tela. Mi intención con este retrato era alejarme del busto estático para buscar al hombre, al caminante de "galerías" interiores, con esa mirada que parece escrutar el tiempo. Tras las palabras institucionales y el interés de los medios, procedimos al momento más gratificante para un pintor: ver la obra ocupar su lugar definitivo. El retrato se colgó seguidamente en las salas de la Universidad, integrándose en los muros de una institución que es custodia de la palabra y, desde ahora, también de esta humilde parcela de mi visión pictórica.
Ver el cuadro allí, rodeado de ese silencio académico y la luz que entra por los ventanales de Baeza, fue el cierre perfecto para un proceso creativo que siempre consideraré un privilegio. Mi firma al pie de la obra es solo un testimonio del compromiso con nuestra cultura.
Es el testimonio de Eulalio Ferrer (Entre alambradas, 1988), oficial del ejército que presenció el penoso éxodo del poeta hacia el exilio. Enfermo y abatido, el autor de Campos de Castilla fallecía poco después en Colliure. Sea por siempre su cobijo los "días azules y el sol de la infancia".
Este retrato forma parte de la colección permanente de la UNIA en Baeza, ciudad donde Machado ejerció como profesor y dejó una huella imborrable. Más información en la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes .