Una sibila

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"Una sibila por Alejandro Cabeza"

Regreso a Ítaca 
                Argos mueve la cola con insólito entusiasmo a cada exhalación que sale de los pulmones de su amo. El cuerpo metálico no alberga reproches ni rencor, no pretende explicaciones. Se limita a quererlo con un amor incondicional, sin osar pedir nada a cambio. Sólo el viejo perro mecánico reconoció al intrépido viajero bajo esas ropas más propias de un pordiosero que de un emperador. Sólo a él no parece inquietar su regreso.

                 En el silencio de la alcoba, el insistente murmullo la aturde. Ya no está acostumbrada a su respiración. Sobre el lecho revuelto el cuerpo maduro pero aún musculoso se agita: lucha contra sus fantasmas. Una triste sonrisa cruza los labios marchitos. Ni siquiera de vuelta puede ser enteramente suyo. Incluso en sueños se enfrenta a esos extraños seres responsables de su larga ausencia y de las cicatrices antiguas, nacaradas, que surcan ahora una piel antaño perfecta. Ella sabe que ese inquietante mapa ha de arrastrarlo de nuevo lejos. Ha pasado la mayor parte de su vida de esposa sin él, y sin embargo lo conoce bien: tampoco esta vez se quedará mucho tiempo. Se pregunta qué será entonces ¿Viajes a otras galaxias en busca de nuevos súbditos, de nuevas fuentes de energía, del esquivo secreto para recuperar esa juventud que a ella se le ha ido escapando día a día en el tálamo vacío? Es más una viuda que una esposa.

                El dolor fue tal que quizá sólo el deber la mantuvo viva. Viva para enfrentarse a las intrigas palaciegas, para defender los intereses de un hijo indefenso y los de un marido que bien podría haber sido una quimera. Ya no sabe si era a los aspirantes al trono a los que rechazaba, a cada pretendiente que codiciaba el control del imperio, o a los hombres. Quizá no debió abandonar los hábitos. Puede que, después de todo, en efecto su destino fuese el de convertirse en una vestal.

                 Las rojas lunas de Leucas proyectan una espectral luz sobre el tapiz eternamente inacabado. Ella les vuelve la espalda. Ya no es una sacerdotisa: no quiere leer su aciago presagio.

 ´Salomé Guadalupe Ingelmo, Regreso a Ítaca, publicado en la revista digital miNatura. Revista de lo breve y lo fantástico 104, septiembre-octubre 2010, (http://www.servercronos.net/bloglgc/media/blogs/minatura/pdf/RevistaDigitalmiNatura104.pdf), pp. 35-36.

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