Retrato de Salomé en un óleo sobre tela de 46 x 38 cm. Pintor Alejandro Cabeza
"El arte no acepta la competencia de la amplitud y de la profundidad de la naturaleza: se atiene a la superficie de los fenómenos naturales. Pero posee una propia profundidad, una propia fuerza: fija los momentos supremos de esos fenómenos superficiales, reconociendo lo que ellos tienen de legal, es decir, la perfección de la proporción teleológica, la cumbre de la belleza, la dignidad de la significación, la altura de la pasión. Al parecer, la naturaleza quiere operar por sí misma; el artista, en cambio, actúa como hombre y en virtud del hombre. A partir de lo que la naturaleza nos ofrece, sólo interpretaríamos pobremente lo deseable y lo susceptible de ser gozado en la vida. Lo que el artista le presenta al hombre debe ser accesible a todos y agradar a los sentidos; debe excitar y seducir, gustar y satisfacer a todos; alimentar, formar y elevar el espíritu de todos. De ese modo, el artista, agradecido a la naturaleza, porque ésta también lo produjo a él mismo, le devuelve una segunda naturaleza; pero sentida, pensada, es decir, humanamente concluida. Pero si tal cosa debe suceder, el genio, el artista destinado, ha de obrar según leyes y reglas que le prescribe la naturaleza misma, ya que ésta no las contradice. Las reglas constituyen la mayor de las riquezas, porque el artista aprende a usar y a dominar la gran opulencia de la naturaleza, tanto como la del propio ánimo". –GoetheEs de gran importancia lo que las palabras de Goethe definen, es el acto en si al que se enfrenta el artista. Es una reflexión profunda sobre la relación entre el arte, la naturaleza y el ser humano. En esencia, plantea que el arte no es una simple imitación de lo que vemos, sino una recreación humana y perfeccionada de la realidad. Es absurdo y pobre intentar calcar rostros..., imitar fotografías..., o ponerse a imprimir retratos desde el plano de la realidad. Goethe sostiene que el artista no ha de intentar competir con la inmensidad física de la naturaleza. En lugar de eso, el artista ha de tomar lo que la naturaleza ofrece y procesarlo a través del sentimiento y el pensamiento. El resultado es lo que el llama una "segunda naturaleza" que está "humanamente concluida". confirmando en su virtud, que el arte completa lo que en la naturaleza parece disperso o encubierto. Es en esa "segunda naturaleza" de las cosas, donde el arte intenta quedarse con lo esencial de los fenómenos (lo visual, lo tangible), poseyendo su propia profundidad. Donde se produce "el poder, la magia, la excelencia...". El artista tiene la capacidad de captar "El momento supremo": la cumbre de la belleza o la altura de una pasión, algo que en la naturaleza es efímero pero que en el arte se vuelve eterno.






