Colección particular / Pintor Alejandro Cabeza
Retrato de mi abuela Joaquina. Esta imagen fue captada en mi estudio seis años antes de su fallecimiento, ocurrido el 18 de enero de 2007, en una de tantas mañanas de invierno en las que me acompañaba mientras yo pintaba.
Este retrato refleja una mirada perdida, de cansancio y miedo; la consciencia de que los días en una persona mayor son más cortos, el final está más cerca y la vida se escapa en cada segundo.
En las familias, tras la pérdida de un ser querido, suele producirse un antes y un después. Es habitual que muchas se deshagan entre egoísmos e intereses, llegando al alejamiento total. Lo que es menos frecuente es que la pérdida sirva para unir.
Cuando se alcanzan los 94 años, nuestros mayores se convierten en símbolos inmortales; llegamos a creer que siempre estarán aquí, desafiando el paso del tiempo. Pero la realidad es distinta, y su partida nos sume en un profundo dolor.



