Miguel Hernández

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Retrato del poeta Miguel Hernández, patrimonio de los ciudadanos de Orihuela
 Colección Casa-Museo Miguel Hernández / Óleo sobre tela / 41 x33 cm


Retoñarán aladas de savia sin otoño
reliquias de mi cuerpo que pierdo a cada herida
Porque soy como el árbol talado, que retoño:
porque aún tengo la vida.
Miguel Hernández, El herido


Todas las mañanas cruza las calles de Orihuela un humilde cabrero, con su zurrón y su cayado. Va a la huerta para que pasture su ganado. Allí permanece horas y horas, a la sombra de las moreras gigantes, escuchando el chirrido de las norias y el cantar de los sembradores lejanos o de los sufridos trabajadores de las parvas. ¿Sabéis quién es ese cabrero? ¡Un nuevo poeta! Un recio y magnífico poeta, cantor maravilloso de las melancolías de la tarde, de las caricias frescas de las auroras en la noche... Se llama Miguel.
        El Día de Alicante, 15 de julio de 1930

Hijo de un contratante de ganado, su niñez y adolescencia transcurren por la aireada y luminosa sierra oriolana tras un pequeño hato de cabras [...] Por las tardes ordeña las cabras y se dedica a repartir la leche por el vecindario. Sólo el breve paréntesis de unos años interrumpe esta vida para asistir a la Escuela del Ave María, anexa al Colegio de Santo Domingo, donde estudia gramática, aritmética, geografía y religión, descollando por su extraordinario talento. En 1925, a los quince años de edad, tiene que abandonar el colegio para volver a conducir cabras por las cercanías de Orihuela. Pero ahora sabe embellecer esta vida monótona con la lectura de numerosos libros de Gabriel y Galán, Miró, Zorrilla, Rubén Darío [...]
Al atardecer merodea por el vecindario conociendo a Ramón y Gabriel Sijé y a los hermanos Fenoll, cuya panadería se convierte en tertulia del pequeño grupo de aficionados a las letras. Ramón Sijé, joven estudiante de derecho en la universidad de Murcia, le orienta en sus lecturas, le guía hacia los clásicos y la poesía religiosa, le corrige y le alienta a proseguir su actividad creadora. El mundo de sus lecturas se amplía. El joven pastor va llevando a cabo un maravilloso esfuerzo de autoeducación con libros que consigue en la biblioteca del Círculo de Bellas Artes. Don Luis Almarcha, canónigo entonces de la catedral, le orienta en sus lecturas y le presta también libros. Poco a poco irá leyendo a los grandes autores del Siglo de Oro: Cervantes, Lope, Calderón, Quevedo, San Juan de la Cruz, Góngora y Garcilaso, junto con algunos autores modernos como Juan Ramón Jiménez y Antonio Machado [...] Desde 1930 Miguel Hernández comienza a publicar poemas en el semanario El Pueblo de Orihuela y el diario El Día de Alicante. Su nombre comienza a sonar en revistas y diarios levantinos.
Juan Cano Ballesta, El Hombre y su poesía (1983)

Miguel es un caso increíble de vocación  y  constancia.  Su  vida  es  una lucha  contra  dificultades  y  carencias; sólo  una  voluntad  como  la  suya  podía romper semejantes cercos [...] Fue víctima  de  una  serie  de  injusticias sociales encadenadas, desde la escasez de  recursos  y  la  falta  de  enseñanza académica a las dificultades de trabajo y, tras la guerra civil, los rigores de una implacable  represión  política,  causa paralela   de   situaciones   familiares angustiosas.
Por  encima  de  todo  ello,  sobresale la  capacidad  creadora  del  poeta, logrando  una  obra  extensa  y  hermosa, que ostenta hoy un lugar privilegiado en la  historia  de  la  poesía  en  lengua castellana.  Miguel  Hernández  es  ya  un clásico,  y  sus  valores  poéticos  y humanísticos  mantienen  su  vigencia,  al margen   de   corrientes   estéticas   y superando condicionamientos epocales y de circunstancias.
       Leopoldo de Luis, Introducción a Miguel Hernández, La savia sin otoño (1991)

Pocos hombres se han volcado tan íntegra y apasionadamente en su creación lírica como Miguel Hernández. Su verbo cálido y enterizo va marcado con el sello imborrable de la sinceridad. Tal es su estilo humano y poético [...] La creación lírica es para él proyección artística de las más hondas preocupaciones humanas. Precisamente es lo personal, «lo más humano de lo humano», el venero de su más conmovedora poesía. Su biografía queda esculpida en poemas prodigiosos [...] Exactamente por todo ello Miguel Hernández tiene un extraordinario mensaje lírico y humano para el hombre de hoy. Es capaz de levantar oleadas de entusiasmo, lo sentimos muy cerca de nosotros.
Juan Cano Ballesta, El Hombre y su poesía (1983)


El día que yo me vaya
una parte dejaré contigo.
Otra, por los aires,
a su libre albedrío.
La tercera que la entierren
al borde de un camino,
que quiero alimentar las raíces
que den sombra al fugitivo.
El día que yo me vaya
que no lo haga arrepentido:
quiero partir con el corazón lleno,
aunque esté el bolsillo vacío.

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