Colección del Museo Luis González Robles (Universidad de Alcalá de Henares) /
Pintor Alejandro Cabeza
que nací emparedado,
que me olvidé del mundo,
de cómo canta el árbol...
— Marcos Ana, Mi corazón es patio
Al enfrentarme al lienzo para plasmar la personalidad de Marcos Ana, no solo busqué la precisión del rasgo, sino la hondura de una biografía labrada en la resistencia. En sus facciones encontré el rastro de quien habitó la penumbra durante décadas sin permitir que el odio empañara la luz de su palabra. He intentado que cada pincelada sea un tributo a esa dignidad inquebrantable, devolviendo al espectador una mirada que, tras haber sido privada de horizontes, terminó por abrazar al mundo entero a través de la poesía.
La ejecución de este retrato en 2015 fue para mí un ejercicio de introspección y respeto hacia un hombre que convirtió la celda en un espacio de libertad creativa. Al trabajar el óleo, me detuve especialmente en la serenidad de su semblante, ese que narra sin estridencias la victoria del espíritu sobre el cautiverio. Es un honor que esta obra forme parte de la colección del Museo Luis González Robles, donde el legado de Fernando Macarro Castillo continúa interpelándonos sobre la esencia de los derechos humanos y la fuerza del compromiso vital.
Pintar a Marcos Ana ha supuesto el privilegio de dialogar con la historia y con la lírica del sacrificio. En este cuadro reside mi voluntad de perpetuar no solo al poeta, sino al símbolo de una generación que supo cantar al árbol incluso cuando solo podía imaginarlo. Mi pincel se pone al servicio de esa memoria necesaria, buscando que el arte sea, una vez más, el espejo donde se reconozca la integridad más absoluta,



