Pintor Alejandro Cabeza 2000
¿Considera que es la que usted en lo fundamental ejerce, en público o con usted a solas, al valorar la obra de otro?
Hay otra cuestión que siempre me ha costado entender: la costumbre de la mayoría de pintores actuales de acudir a críticos, reales o supuestos, para que sean ellos quienes escriban sobre su obra. ¿Acaso no son capaces de analizar ellos mismos su creación? ¿O es que piensan que su obra ha de ser respaldada por las palabras de otros y no por su propia calidad artística?
Por lógica, los propios pintores habrían de tener un juicio profesional y ser capaces de expresarlo con coherencia. Esto me inquieta. Quien lo tiene claro en arte ha de saber manifestarlo, verbalizar con claridad esos pensamientos. De no ser así, irremediablemente, habremos de empezar a diferenciar entre unos pintores y otros.
Respecto al público… El público es impredecible, susceptible y sentimental. Tiene la facultad de elevar a los altares de la gloria a quien no ha hecho méritos para alcanzarlos, pero también puede desterrar al olvido a quien ha cultivado toda una vida de dedicación. Se me vienen a la cabeza ciertos actores y actrices de cine: pasaron a la historia de su disciplina y, sin embargo, eso no les salvó de la crueldad del tiempo ni de la injusticia del olvido. Muchos de estos mitos han acabado en el abandono.
Es sobrecogedor. El público a veces se vuelve ingrato por culpa de un sistema que valora el arte según reglas arbitrarias que pretenden hacer de él un espectáculo. El gusto cambia según generaciones; el público aplaude cuando baja el telón, pero critica cuando termina la función. El artista a menudo se encuentra a merced de normas que valen para hoy, pero que ya no valen para mañana por el pintor valenciano Alejandro Cabeza.



