En este retrato he buscado explorar la fuerza del color como elemento comunicativo primordial. Al situar la figura sobre un fondo rojo vibrante, mi intención es anular cualquier distracción contextual para centrar toda la atención en la presencia del modelo. El uso del óleo me permite trabajar las texturas de la piel y las telas con una riqueza de matices que otorga a la obra una atmósfera cálida, casi táctil, donde la luz parece emanar de la propia composición.
A nivel técnico, me he centrado en la construcción de la mirada y la expresión facial como ejes de la psicología del personaje. Cada pincelada intenta descifrar la esencia del retratado, equilibrando el realismo de las formas con una libertad de trazo que aporte frescura y modernidad. Considero que el retrato contemporáneo debe ser algo más que una reproducción física; debe ser una captura de un instante de vida congelado en el tiempo.
El resultado es una pieza donde el contraste cromático juega un papel decisivo. Al prescindir de elementos accesorios, la figura invita a quien observa a detenerse y entablar una conversación silenciosa con la obra. Con este trabajo, sigo profundizando en mi estudio sobre el rostro humano, buscando siempre ese punto de unión entre la técnica clásica y una visión artística personal y renovada por el pintor valenciano Alejandro Cabeza.



