Pintor Alejandro Cabeza
La pintura, desde sus orígenes más remotos, ha sido cargada con etiquetas: social, burguesa, revolucionaria... Adjetivos que a menudo la desvían de su verdadera naturaleza. La pintura surge del asombro ante el mundo; no es una mera copia de la realidad, sino que se convierte en una realidad propia que brota del silencio y la soledad del artista.
En este Autorretrato con Chaleco del año 2000, se manifiesta esa búsqueda de la esencia sin las presiones de la originalidad forzada o la modernidad vacía. Pintar la realidad tal como se percibe y se siente ya supone un esfuerzo total. Como bien se ha señalado sobre mi obra, el objetivo no es conquistar al mundo con inventos técnicos, sino mirar la realidad, comprenderla y fundirla con el sentimiento personal, confiando plenamente en la mirada.
Es este "acto único", carnal y humano, el que define al pintor verdadero. Aquel que, poco a poco y sin prisas, va cumpliendo su destino pictórico alejándose de las cargas externas para centrarse en lo que sucede dentro del lienzo.




