Pintor Alejandro Cabeza
En noviembre de 1941 en Treblinka se creó un campo de trabajo, la parte del complejo que luego se conocería como Treblinka I. A él se enviaba, a trabajar sobre todo en una cantera de grava cercana, a judíos y a polacos no judíos. A escaso kilómetro y medio de Treblinka I se construyó el campo de exterminio de Treblinka II. Para entonces Belzec y Sobibor ya estaban en funcionamiento.
Algunos de los judíos que llegaban a Treblinka eran seleccionados y enviados a Treblinka I, mientras que quienes estaban muy débiles para trabajar eran enviados a Treblinka II para ser asesinados. Treblinka era por tanto, básicamente, un campo de muerte. [...]
Como en otros campos, la línea ferroviaria llegaba hasta el interior de Treblinka. Sin embargo, a diferencia de otros campos de exterminio, como Auschwitz, Treblinka apenas tenía barracones para alojar a los prisioneros, pues los judíos llegados al campo eran asesinados inmediatamente. La esperanza de vida en Treblinka se reducía a, aproximadamente, una hora y media. Allí permanecían sólo los presos indispensables para seleccionar los objetos de valor propiedad de los deportados asesinados y para manipular y hacer desaparecer sus cuerpos: los Sonderkommando.
Una vez “barberos” y “dentistas” habían acabado su trabajo, los cadáveres estaban definitivamente en condiciones de ser trasladados a los hornos crematorios. El cabello de los difuntos era usado para fabricar textiles; el pelo de los prisioneros pasó a sustituir al de caballo por resultar una materia prima aún más barata. Ciertamente el régimen apuraba bien a sus víctimas. Tras usar su fuerza de trabajo como mano de obra esclava, los propios cuerpos eran exprimidos: la grasa se empleaba para hacer jabón, los huesos para conseguir fertilizante…
En Treblinka asistimos a la fase inicial del exterminio; nos encontramos ante los precedentes de las matanzas mucho más organizadas perpetradas en Auschwitz. En comparación, métodos sin duda torpes y toscos. Todavía estamos sólo empezando a reconstruir la sórdida historia de este lugar, cuyas huellas los verdugos intentaron borrar convirtiendo el horror en inocentes campos de cultivo.
[1] Empresas como Schaeffler o Firma Alex Zink se vieron favorecidas por el suministro de estos materiales.
[2] Fuentes del Birmingham Holocaust Education Committee: Ver documento.
[3] Como en los campos franquistas, se alquilaba mano de obra a empresas como IG-Farben, Siemens o Krupp.
[4] El uso industrial de los cuerpos incluía grasa y restos óseos para fines comerciales del régimen.



