Retrato de  Salomé Guadalupe Ingelmo vestida de Valenciana por el pintor Alejandro CabezaRetrato de Jorge Luis borges al óleo por el pintor Alejandro CabezaRetrato en el Salón al óleo por el pintor Alejandro Cabeza Retrato al óleo de la escritora Salomé Guadalupe Retrato al óleo de Emeterio Cuadrado Díaz por el pintor Alejandro Cabeza

24/2/26

Retrato de viejo relojero

Retrato de viejo relojero en un óleo sobre tela de 41 x 33. Pintor Alejandro Cabeza 2024

Viejo relojero, un hombre con sombre oscuro y barba blanca con unas gafas redondas por el desgaste d la visión nos observa de manera directa. Es un tema recurrente del aspecto de la senectud. El rostro destaca en una atmosfera de  tonos oscuros con un trato de pincel directo y suelto y unos resultados excelentes.

Es fundamental comprender y valorar el impacto que tiene el estado emocional, físico y mental de un autor en el proceso creativo. Crear una obra de arte no es simplemente un acto técnico; es una expresión profunda del ser, un reflejo del estado interno del creador. Cuando el autor se encuentra en un estado de agitación o cansancio, la capacidad de plasmar sus trabajos con claridad y profundidad se ve comprometida, de la misma manera que cuando un borracho se pone a manos de un vehículo con el peor desenlace. La calidad de la obra queda condicionada y, en muchos casos, en su defecto resultará inferior a su potencial creativo.

A lo largo de los años, llegó a comprender que esta exigencia personal tiene un efecto transformador en la manera de enfrentarse a un lienzo y en los resultados de una pintura. Con el tiempo, es natural que se pinte menos, pero, por el contrario, buscando una mayor calidad. Este fenómeno no solo responde a la madurez técnica adquirida con la experiencia, sino también a un proceso de depuración interna. Aprendemos a priorizar la calidad sobre la cantidad, a valorar la introspección y entender que cada obra requiere de nuestra máxima dedicación y atención para crear nuestras pinturas.

El arte de pintar, como toda forma de arte, nos plantea demandas específicas. No solo pide tiempo y habilidades técnicas, sino también una conexión emocional profunda, una evaluación sincera y un estado de serenidad que permita un compromiso completo. En ocasiones, no estamos dispuestos o preparados para ofrecer lo que nos exige, pero es precisamente en esos momentos cuando debemos recordar que el arte es también un ejercicio de discipulado.

Pintor Alejandro Cabeza

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