Pintor Alejandro Cabeza 2004
Retrato dedicado a mi amigo el pintor Antonio Vera Mahedero, recordando momentos difíciles que nos unieron aún más en la pintura y su filosofía. Una obra que nace del deseo de seguir el camino del arte verdadero, lejos de las abducciones de la charlatanería.
Es una pena que el espacio-tiempo no siempre reaccione igual entre las personas y las obras de arte. Yo me quedo con la pintura y su evolución; algunas obras se vuelven atemporales, se enriquecen y se convierten en puntos de referencia. Esa es su esencia.
Este es uno de mis mejores retratos de aquel año. Manifiesta el entusiasmo por el aprecio a los compañeros, logrando resultados excelentes fruto de la sinceridad y el afecto incondicional de esa época. Ese es su espacio y ese es su tiempo.
Hoy entiendo que este cuadro es hijo de una lección que solo el espacio-tiempo permite conocer después de la creación: una verdad sobre el afecto y el sentimiento que en aquel momento guió mi mano.



