Una carrera pictórica apoyada principalmente en el empleo de una técnica artística impresionista, y quizás por ello hecho que los cuadros giren en torno al paisaje, la composición de figuras y el retrato, donde ha alcanzado el aprecio de la critica y del publico.

Alejandro Cabeza cultiva sorpresivamente una pintura impresionista que difiere totalmente de los estilos, las modas y lo que se lleva en este comienzo de siglo XXI. Se trata de un creador de fuerte carácter que con su forma de ser y entender el hecho artístico esta en las antípodas del gusto general.

Tiene un lenguaje personal que no se corresponde con este con los modos y las modas de este inicio de siglo y posee un mundo inequívoco de obsesiones. Es sorprendente siempre y es capaz de mantener casi constantemente hipnotizado al espectador, que acepta gozoso la visión de unos paisajes, retratos y composiciones de gran belleza. En sus obras estoy seguro que el espectador podrá contemplar una enorme variedad de temas- paisajes, marinas, retratos y composiciones de figuras tratados con una excelente técnica y también rigor didáctico, como corresponde a antiguas formulas impresionistas.

Francisco Agramunt

Autorretrato con seis años vestido de Fallero


Autorretrato con seis años vestido de Fallero

El retrato puede llegar a ser un genero desolador, que quema, es el gran desafió del pintor, en un paisaje por ejemplo, si uno hace un árbol más bajito o más alto, no pasa nada, nadie va ha decir nada, no tiene importancia, pero en un rostro, si uno hace un ojo más alto que el otro, te van a fusilar, te van a machacar, por lo tanto el retrato exige más, se tiene que tener más nivel, más conocimiento más concepto, algunos dicen que es la gran prueba de fuego del pintor, en este genero la sutileza no se paga ni con oro y alcanza unos niveles muy altos.

4 comentarios:

  1. Me gusta mucho el retrato y de niño monisimo.

    saludos
    marisa
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  2. Como siempre Gracias marisa y también a chita thanks
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  3. Al margen de las cuestiones puramente formales, diría que implica un sano ejercicio de humildad, una oportunidad de abordar con entereza la introspección, esa palabra que tanto nos gusta, y que, por supuesto, no es sólo una palabra. Porque ninguna palabra es “sólo” una palabra. Es muy bueno, o al menos así lo he creído siempre, recordar a menudo, tan a menudo como sea posible, que uno es, sencillamente, un simple ser humano. Besos.
    PS. Se reconoce aún el niño que eras en algunos rasgos. Diría que a mí también. Me parece, o quizá quiera yo que me parezca, indicativo de ciertos aspectos de la personalidad en algunos individuos.
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