Óleo sobre tela 41 x 33 cm / Colección Privada / Pintor Alejandro Cabeza
El retrato puede llegar a ser un género desolador; es el gran desafío del pintor. El retrato exige más nivel, más conocimiento y más concepto. Algunos dicen que es la gran prueba de fuego: en este género la sutileza no se paga ni con oro.
Él los observa de reojo, evitando interferir en sus íntimos diálogos y silencios... llora de emoción y contenida alegría. Pero derrama lágrimas silenciosamente también por sí mismo. Por todo ese tiempo malgastado que ya no podrá recobrar. Por esa imagen desfigurada del espejo que un día llegó a ver y que lucha aún por espantar cada mañana. Por sí mismo y por su perdida infancia. Ésa que apenas duró un suspiro y ya no podrá recuperar si no a través de su hijo por el pintor valenciano Alejandro Cabeza.
(Fragmento de El ángel herido, en Salomé Guadalupe Ingelmo,
La imperfección del círculo, Ediciones COMOARTES, 2012)



