Colección particular — Pintor Alejandro Cabeza
Pintar no es un trabajo, es otra cosa. En el estudio no se ficha, se goza y se sufre. A veces me preguntan si "trabajo" y me molesta, porque lo que yo busco es algo mucho más serio: es una necesidad de perfección que me persigue. Siempre he tenido el mismo afán: pintar las cosas de verdad, no el concepto que tenemos de ellas.
A veces la vida se pone difícil, pero el artista necesita ese apretón, como el limón que solo da zumo cuando lo estrujan. Mi refugio ahora es la resignación, he de buscar ese sosiego espiritual que se encuentra en los parajes humildes y en el azul celeste, que para mí es la pureza de sentimientos.
No tengo tiempo para el orgullo ni para la vanidad, que son privilegios de los tontos. Me da igual lo que digan los que no tienen talento; solo me importa avanzar un poco más en este noble oficio. Pugnar por encontrar un poro que me permita asomarme a las regiones superiores del arte. Al final, toda mi labor tiene un motor y un nombre santo: el de mi hija.
"La duda es la única postura humilde de la inteligencia. Es preferible dudar y seguir buscando que creer que ya se ha llegado."



