Pintor Alejandro Cabeza 2015
Creo que, como en mi retrato de Azorín al que nos transportáramos en el tiempo a figuras gongorinas. En el rostro de José Luis Sampedro recuerda el canon tan repetido por José de Ribera en sus santos y mártires: hombres entrados en años, de grandes barbas y cráneos perfilados, como el San Andrés o el San Pedro que tan maravillosamente retrató. Este modelo se adaptaría, sin ninguna duda, a los personajes del siglo de oro del arte español. Y para mí, a la hora de abordar un retrato, estas similitudes suponen un aliciente y tienen mucho de revelación.
He intentado retratar, con la sencillez que le caracterizaba, al ser humano, al humanista y filántropo. Me ha interesado, sobre todo, la naturalidad y franqueza que desprendía su gestualidad; la humildad y sencillez de un hombre, al tiempo, de firmes convicciones, cuyo sólido carácter se reflejó en su fisonomía hasta el final. Con este retrato austero he abordado, una vez más, la difícil tarea de retratar el pensamiento.
José Luis Sampedro nació en Barcelona, en 1917. Su variada procedencia geográfica y cultural supuso una influencia fundamental en su obra. Fue catedrático de Estructura Económica, senador por designación real en 1977 y miembro de la Real Academia Española desde 1990.
Fue brillantemente lúcido, ya casi centenario, hasta su muerte en abril de 2013. Ejerció su humanismo crítico acerca de la decadencia moral y social de Occidente y fue un referente intelectual para movimientos sociales contemporáneos, siempre defendiendo una literatura y una economía al servicio del ser humano.



