Abordar el retrato de S.M. el Rey Felipe VI para el Museo de Aeronáutica y Astronáutica de Madrid supuso para mí no solo un desafío técnico de gran envergadura, sino también una profunda responsabilidad institucional. En esta obra, busqué captar la serenidad y la firmeza que caracterizan al monarca, vistiendo el uniforme de gala del Ejército del Aire. Mi intención fue que la pincelada no solo describiera la precisión de los detalles militares y las condecoraciones, sino que también transmitiera la dignidad de la figura y su vinculación con la tradición aeronáutica española.
Durante el proceso de creación, me sumergí en un estudio minucioso de la luz para esculpir los rasgos con naturalidad, evitando la rigidez que a veces acompaña al retrato oficial. Trabajé las texturas del tejido y los brillos de las insignias con una factura suelta pero precisa, permitiendo que el carácter del retratado emergiera con fuerza desde el fondo. Para un pintor valenciano, formado en la herencia del naturalismo y la luz, enfrentarse a una efigie de tal relevancia significa buscar el equilibrio perfecto entre la semejanza física y la presencia psicológica que requiere una colección nacional.
Saber que este lienzo forma parte permanente de los fondos del Museo del Aire, custodiando la memoria y la historia de nuestra aviación en el aeródromo de Cuatro Vientos, es una de las mayores satisfacciones de mi carrera. El retrato no es solo una representación de la jefatura del Estado, sino un diálogo entre el arte contemporáneo y la historia viva de nuestras instituciones. Como pintor, cada trazo en este uniforme azul fue un homenaje al compromiso y al servicio, intentando dejar una huella perdurable que trascienda el tiempo y la mirada del espectador.
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