Pintor Alejandro Cabeza 2019
Siempre he dicho que en los trabajos que se realizan han de ofrecer una buena experiencia. Pero cuando digo buena experiencia me refiero más bien a ese cúmulo de circunstancias en general que estimulan a los autores y señalan estas experiencias en un óptimo resultado personal de sus trabajos para crear obras con un buen principio y mejor final.
A veces las personas o las circunstancias o la participación indirecta en forma de intromisión interfieren en su defecto para crear miserias y problemáticas innecesarias, a veces absurdas que intentan estropear muchas obras de arte. Por suerte existe un gran aliado que suele arreglar todos estos desórdenes y fracasos tan desafortunados provenientes de las ignorancias más definitivas: me estoy refiriendo a lo académico. En realidad, sin la virtud de la academia estaríamos a merced de mucha tontería suelta. Es precisamente en la academia donde buscamos seriedad, excelencia o sencillamente realidad.
Las malas experiencias solo frustran a los autores, los alejan de la verdadera realidad y de sus propias exigencias como artista. Por lo contrario, hay trabajos que se realizan en momentos especiales, con ideas magistrales y lo más importante, personas excepcionales. El retrato del Maestro Rodrigo es una de esas ideas que trasciende con un personaje universal en la historia del siglo XX. Un proyecto pensado desde hace años y que por fin ocupa su lugar, entrelazándose en mi trayectoria con otros homenajes a la música española, como el retrato de Montserrat Caballé en el Museo Nacional del Teatro.



