Pintor Alejandro Cabeza 2018
Somos como piezas de un mismo tablero: lo solemos llamar vida. Sobre él nos relacionamos unos con otros, en encuentros donde salen ganadores y perdedores. No importa ser uno o los otros: triunfamos siempre para fracasar después, y al contrario.
Como si nos pusieran a prueba, obedecemos a nuestra conciencia ―o a lo que nos queda de ella―. A veces sin orden. Otras… en el caos más absoluto. Somos prisioneros de un único sistema. No importa si estamos en él o no, siempre estamos relacionados entre sí, directa o indirectamente. Necesitamos ser queridos, estar presentes solo para saciar la inagotable exigencia de nuestra vanidad humana. Pero no podemos sustraernos a determinadas responsabilidades, a compromisos ineludibles: del pasado y los recuerdos se encarga nuestro propio cerebro; de nuestra muerte y desaparición, la historia.
El corazón dicta y los sentimientos afloran: con amor, con odio, con desdén… Nuestro tesoro más preciado es la verdad, nuestra verdad. Que a veces se disfraza con nuestra mentira. El arte procura acercarnos a esa verdad por el pintor valenciano Alejandro Cabeza.



