Retrato de  Salomé Guadalupe Ingelmo vestida de Valenciana por el pintor Alejandro CabezaRetrato de Jorge Luis borges al óleo por el pintor Alejandro CabezaRetrato en el Salón al óleo por el pintor Alejandro Cabeza Retrato al óleo de la escritora Salomé Guadalupe Retrato al óleo de Emeterio Cuadrado Díaz por el pintor Alejandro Cabeza

10/10/11

Salomé con pamela

Salomé Guadalupe Ingelmo con sombrero decimonónico /
Óleo sobre tela de 70 x 50 cm / Pintor Alejandro Cabeza 2019 / Colección particular

“En primer lugar, tres eran los sexos de los hombres, no dos como ahora, masculino y femenino, sino que había además un tercero que era común a esos dos […]. El andrógino (hombre-mujer), en efecto, era entonces una sola cosa en cuanto a figura y nombre, que participaba de uno y otro sexo, masculino y femenino […]. En segundo lugar, la figura de cada individuo era por completo esférica, con la espalda y los costados en forma de círculo; tenía cuatro brazos e igual número de piernas que de brazos, y dos rostros sobre un cuello circular, iguales en todo; y una cabeza, una sola, sobre estos dos rostros, situados en direcciones opuestas. […].

Eran, pues, terribles por su fuerza y su vigor y tenían gran arrogancia, hasta el punto de que atentaron contra los dioses. […] Se dice también de ellos, que intentaron ascender al cielo para atacar a los dioses. Entonces Zeus y los demás dioses deliberaron lo que debían hacer con ellos... Al fin Zeus tuvo una idea y dijo: 'Me parece que tengo una estratagema para que continúe habiendo hombres y dejen de ser insolentes, al hacerse más débiles. Ahora mismo voy a cortarlos en dos a cada uno'.

...Así pues, una vez que la naturaleza de este ser quedó cortada en dos, cada parte echaba de menos a su mitad […]. Desde hace tanto tiempo, pues, el amor de unos a otros es innato en los hombres y aglutinador de la antigua naturaleza, y trata de hacer un solo individuo de dos y de curar la naturaleza humana. Cada uno de nosotros es, por tanto, un rompecabezas de hombre, al haber quedado seccionados, como los lenguados, en dos de uno que éramos. Por eso busca continuamente cada uno su propia combinación.

[…] Así pues, cuando se tropiezan con aquella verdadera mitad de sí mismos […] sienten un maravilloso impacto de amistad, de afinidad y de amor... El alma de cada uno es evidente que desea otra cosa que no puede decir con palabras, sino que adivina lo que desea y lo expresa enigmáticamente.

...Nuestra raza sólo podría llegar a ser feliz si lleváramos a su culminación el amor y cada uno encontrara a su propio amado, retornando a su antigua naturaleza. Por consiguiente, si queremos celebrar al dios causante de esto, con justicia celebraríamos a Eros, que en el presente es nuestra mayor ayuda, conduciéndonos hacia lo que nos es afín.

(Platón, El Banquete)
Pintor Alejandro Cabeza

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