El maestro

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El maestro / Óleo sobre tela 116 x 89 cm / Colección Particular 2003


Retrato en memoria de Miguel, que titulo “el maestro”. Fue ésa su profesión durante cuarenta años initerrumpidos. Tuve pendiente esta obra durante mucho tiempo; lo realicé en 2003, un año antes que el de mi madre, fechado en 2004.

El retrato, menos suelto que el de mi madre y de mayor tamaño, muestra un considerable interés por el dibujo y la composición, buscando un equilibrio general. En una mano, como el fumador empedernido que era, el cigarrillo. En la otra, un libro, en recuerdo a su pasión por la lectura.

La realización de algunas obras, a veces, se posterga por diferentes motivos: la acumulación de trabajo, la inconveniencia del momento o lutos familiares. También tiene sus ventajas: la perspectiva que ofrece el tiempo permite analizar los cuadros realizados de diferente forma, normalmente con mayor objetividad a la hora de observar sus virtudes y también sus defectos. Sin duda, resulta interesante analizar la huella que las circunstancias coyunturales dejan en los procesos creativos.


“La pintura es memoria humana y fruto” 

Todos lo padres esperan que sus hijos se conviertan en grandes personas de provecho para la sociedad, y que ello les permita afrontar los envites de la vida con éxito. El problema es que cualquier opción que no responda al concepto más generalizado y extendido de éxito no es bien recibida, o al menos es vista con mucho recelo.

Tampoco creo que de haber tenido un padre pintor, esa circunstancia hubiese implicado necesariamente consecuencias positivas en mi carrera profesional. De hecho casos de ese tipo son frecuentes, y suelen salir mal paradas ambas partes. Padres autoritarios que pretenden imponer cómo el otro ha de pintar… Hijos que acaban sintiendo de por vida que su arte no alcanza las cotas atribuidas a su padre... Realmente las sagas artísticas son un desastre. Y más, ante un público siempre crítico que se aferra a sus propios lemas −como “segundas partes nunca son buenas”− y prejuicios. Las comparaciones son odiosas, pero suelen revelarse inevitables.

En un primer momento, una de mis motivaciones para acercarme a la pintura fue precisamente la rebeldía propia de la edad: “¿No quieres que haga eso? Pues entonces es eso lo que voy a hacer”. Sucesivamente, casi como parte de un sino que siempre está al acecho de cada individuo, me mandaron la notificación de que debía presentarme para hacer el servicio militar. Y esa nueva tragedia eclipsó inmediatamente a la que había supuesto la revelación de mi verdadera y definitiva vocación. De repente convertía la otra noticia en buena. Luego el tiempo, poco a poco, fue colocando las cosas en su sitio y logrando la total normalización. Hasta que todos comprendieron que mi destino era la pintura.

Colección Contemporáneos del Mundo 29, Serie Indagación sobre la memoria y el juicio, Madrid/México D. F., 2013.)

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