Pintor Alejandro Cabeza 2018
Pensarlo, sentirlo y trabajarlo son requisitos necesarios para cualquier creación. El esfuerzo y la pasión mantenida durante toda una vida son los cimientos del arte. Sentir la música como la sentía ella parece una utopía para el común de los mortales, pero es esa misma pasión la que intento trasladar al lienzo.
Este retrato despierta recuerdos arraigados en mi afición por la música. Interpretaciones como el Miserere de Verdi o la Norma han quedado grabadas en mi memoria, y con este cuadro rindo homenaje a la persona detrás de la diva, a su nombre y a su eterna sonrisa.
Al igual que sucedió con mi retrato de Joaquín Rodrigo, esta obra fue largamente madurada antes de llegar al lienzo. Es una dedicatoria a la soprano fallecida en 2018, un tributo desde la pintura, que hoy ocupa el cien por cien de mis sentidos.



