Ana María Matute fue una de las escritoras españolas de mayor prestigio internacional. Miembro de la RAE y Premio Cervantes, su figura carecía, sin embargo, de una representación iconográfica pública fidedigna. Como pintor, sentí que esa falta debía ser reparada.
En mi retrato busco el equilibrio: una Ana María entrañable pero vigorosa, vestida de blanco como una paloma que alza el vuelo. Quiero reflejar su sensibilidad y ternura, pero sobre todo su fortaleza interior frente a las vicisitudes de la vida.
Retratos como este vienen a equilibrar la balanza frente a un mundo del arte a menudo poblado por impostores. Es un homenaje a la constancia, al talento real y al sacrificio de quienes, como Matute, nunca se rindieron ante las decepciones.
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