Esta obra es una nueva versión del retrato de Joaquina, realizada en 2001. Aunque respeta la posición de la versión anterior, la atmósfera es aquí ligeramente más fría, otorgándole un matiz más introspectivo. El proceso no estuvo exento de dificultades técnicas.
Cada trazo implicó resolver el reto de encontrar el dibujo preciso con la soltura adecuada. La dificultad se acrecienta al retratar a personas que ya no están con nosotros, donde es imperativo recurrir a la memoria y al recuerdo vivo.
Incluso en los momentos más difíciles, esta pasión ha permanecido intacta. La pintura es el espacio donde mi trabajo reafirma mi voluntad, y mi verdad, entendiendo el arte como una forma absoluta de sentir y vivir.



